La vuelta de Martín Fierro (1879)/10

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Nota: Se respeta la ortografía original de 1879.
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Dende ese punto era juerza
Abandonar el desierto,
Pues me hubieran descubierto,
Y aunque lo maté en pelea,
De fijo que me lancean
Por vengar al indio muerto.

A la aflijida cautiva
Mi caballo le ofrecí—
Era un pingo que alquiri,
Y donde quiera que estaba
En cuanto yo lo silvaba
Venia á refregarse en mi.—

Yo me le senté al del pampa;
Era un escuro tapao—
Cuando me hallo bien montao
De mis casillas me salgo—
Y era un pingo como galgo
Que sabia correr boliao.—

Para correr en el campo
No hallaba ningun tropiezo—
Los egercitan en eso—
Y los ponen como luz,
De dentrarle á un avestruz
Y boliar bajo el pescuezo.

El pampa educa al caballo
Como para un entrevero—
Como rayo es de ligero
En cuanto el indio lo toca—
Y como trompo en la boca,
Dá güeltas sobre de un cuero.

Lo baréa en la madrugada—
Jamás falta á este deber—
Luego lo enseña á correr
Entre fangos y guadales—
Ansina esos animales
Es cuanto se puede ver!

En el caballo de un pampa
No hay peligro de rodar—
Jue pucha — y pa disparar
Es pingo que no se cansa—
Con proligidá lo amansa
Sin dejarlo corcobiar.

Pa quitarle las cosquillas
Con cuidao lo manosea,
Horas enteras emplea,
Y por fin, solo lo deja,
Cuando agacha las orejas
Y ya el potro ni cocea.

Jamas le sacude un golpe
Porque lo trata al bagual
Con pacencia sin igual,
Al domarlo no le pega,
Hasta que al fin se le entrega
Ya dócil el animal,

Y aunque yo sobre los bastos
Me sé sacudir el polvo—
A esa costumbre me amoldo—
Con pacencia lo manejan
Y al dia siguiente lo dejan
Rienda arriba junto al toldo.

Ansi todo el que procure
Tener un pingo modelo—
Lo ha de cuidar con desvelo,
Y debe impedir tambien,
El que de golpes le den
O tironén en el suelo.

Muchos quieren dominarlo
Con el rigor y el azote,
Y si ven al chafalote
Que tiene trazas de malo,
Lo embraman en algun palo
Hasta que se descogote.

Todos se vuelven pretestos
Y güeltas para ensillarlo—
Dicen que es por quebrantarlo,
Mas compriende cualquier bobo,
Que es de miedo del corcobo
Y no quieren confesarlo.

El animal yeguarizo,
Perdonenme esta alvertencia,
Es de mucha conocencia
Y tiene mucho sentido—
Es animal consentido
Lo cautiva la pacencia:—

Aventaja á los demas
El que estas cosas entienda—
Es bueno que el hombre aprienda,
Pues hay pocos domadores,
Y muchos frangoyadores
Que andan de bozal y rienda.
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La vuelta de Martin Fierro - Jose Hernandez (2ed) (page 24 crop).jpg
Vuelta de Martin Fierro


Me vine como les digo
Trayendo esa compañera—
Marchamos la noche entera
Haciendo nuestro camino
Sin mas rumbo que el destino
Que nos llevára ande quiera.

Al muerto, en un pajonal
Habia tratao de enterrarlo,
Y despues de maniobrarlo
Lo tape bien con las pajas,
Para llevar de ventaja
Lo que empleáran en hallarlo.

En notando nuestra ausiencia
Nos habian de perseguir—
Y al decidirme á venir,
Con todo mi corazon
Hice la resolucion
De peliar hasta morir.

Es un peligro muy serio
Cruzar juyendo el desierto—
Muchísimos de hambre han muerto,
Pues en tal desasociego
No se puede ni hacer fuego
Para no ser descubierto.—

Solo el albitrio del hombre
Puede ayudarlo á salvar—
No hay auxilio que esperar,
Solo de Dios hay amparo—
En el desierto es muy raro
Que uno se pueda escapar.

Todo es cielo y horizonte
En inmenso campo verde!
¡Pobre de aquel que se pierde
O que su rumbo estravea!
Si alguien cruzarlo desea
Este consejo recuerde.—

Marque su rumbo de dia
Con toda fidelidá—
Marche con puntualida
Siguiéndolo con fijeza,
Y si duerme, la cabeza
Ponga para el lao que vá.—

Oserve con todo esmero
Adonde el sol aparece,
Si hay neblina y le entorpece
Y no lo puede oservar,
Guardesé de caminar
Pues quien se pierde perece.

Dios les dio istintos sutiles
A toditos los mortales—
El hombre es uno de tales
Y en las llanuras aquellas—
Lo guian el sol, las estrellas,
El viento y los animales.

Para ocultarnos de dia
A la vista del salvage,
Ganábamos un parage
En que algun abrigo hubiera—
A esperar que anocheciera
Para seguir nuestro viage.

Penurias de toda clase
Y miserias padecimos—
Varias veces no comimos
O comimos carne cruda.
Y en otras, no tengan duda,
Con reices nos mantubimos.

Despues de mucho sufrir
Tan peligrosa inquietú—
Alcanzamos con salú
A divisar una sierra,
Y al fin pisamos la tierra
En donde crece el Ombú.—

Nueva pena sintió el pecho
Por Cruz, en aquel parage—
Y en humilde vasallage
A la magestá infinita,
Besé esta tierra bendita
Que ya no pisa el salvage.

Al fin la misericordia
De Dios, nos quiso amparar;
Es preciso soportar
Los trabajos con costancia—
Alcanzamos á una Estancia
Despues de tanto penar.

Ay mesmo me despedi
De mi infeliz compañera—
«Me voy, le dije, ande quiera,
«Aunque me agarre el gobierno,
«Pues infierno por infierno
«Prefiero el de la frontera.»—

Concluyo esta relacion,
Ya no puedo continuar,
Permitanme descansar :
Están mis hijos presentes,
Y yo ansioso porque cuenten
Lo que tengan que contar—



La vuelta de Martín Fierro de José Hernández
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