La araucana primera parte: 013

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CANTO I
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La araucana primera parte



Del escuadrón se van adelantando
los bárbaros que son sobresalientes,
soberbios cielo y tierra despreciando,
ganosos de estremarse por valientes.
Las picas por los cuentos arrastrando,
poniéndose en posturas diferentes,
diciendo: «Si hay valiente algún cristiano,
salga luego adelante mano a mano».

Hasta treinta o cuarenta en compañía,
ambiciosos de crédito y loores,
vienen con grande orgullo y bizarría
al son de presurosos atambores;
las armas matizadas a porfía
con varias y finísimas colores
de poblados penachos adornados,
saltando acá y allá por todos lados.

Hacen fuerzas o fuertes cuando entienden
ser el lugar y sitio en su provecho,
o si ocupar un término pretenden,
o por algún aprieto y grande estrecho;
de do más a su salvo se defienden
y salen de rebato a caso hecho,
recogiéndose a tiempo al sitio fuerte,
que su forma y hechura es desta suerte:

señalado el lugar, hecha la traza,
de poderosos árboles labrados
cercan una cuadrada y ancha plaza
en valientes estacas afirmados,
que a los de fuera impide y embaraza
la entrada y combatir, porque, guardados
del muro los de dentro, fácilmente
de mucha se defiende poca gente.

Solían antiguamente de tablones
hacer dentro del fuerte otro apartado,
puestos de trecho a trecho unos troncones
en los cuales el muro iba fijado
con cuatro levantados torreones
a caballero, del primer cercado,
de pequeñas troneras lleno el muro
para jugar sin miedo y más seguro.



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