La araucana primera parte: 016

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CANTO I
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La araucana primera parte



Y cuando quieren dar una batalla
con él lo comunican en su rito;
si no responde bien, dejan de dalla
aunque más les insista el apetito.
Caso grave y negocio no se halla
do no sea convocado este maldito:
llámanle Eponamón, y comúnmente
dan este nombre a alguno si es valiente.

Usan el falso oficio de hechiceros,
ciencia a que naturalmente se inclinan,
en señales mirando y en agüeros
por las cuales sus cosas determinan;
veneran a los necios agoreros
que los casos futuros adivinan:
el agüero acrecienta su osadía
y les infunde miedo y cobardía.

Algunos destos son predicadores
tenidos en sagrada reverencia,
que sólo se mantienen de loores,
y guardan vida estrecha y abstinencia.
Estos son los que ponen en errores
al liviano común con su elocuencia,
teniendo por tan cierta su locura,
como nos la Evangélica Escritura.

Y éstos que guardan orden algo estrecha
no tienen ley ni Dios ni que hay pecados,
mas sólo aquel vivir les aprovecha
de ser por sabios hombres reputados;
pero la espada, lanza, el arco y flecha
tienen por mejor ciencia otros soldados,
diciendo que al agüero alegre o triste
en la fuerza y el ánimo consiste.

En fin, el hado y clima desta tierra,
si su estrella y pronósticos se miran,
es contienda, furor, discordia, guerra
y a solo esto los ánimos aspiran.
Todo su bien y mal aquí se encierra,
son hombres que de súbito se aíran,
de condiciones feroces, impacientes,
amigos de domar estrañas gentes.



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