La araucana primera parte: 017

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CANTO I
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La araucana primera parte



Son de gestos robustos, desbarbados,
bien formados los cuerpos y crecidos,
espaldas grandes, pechos levantados,
recios miembros, de niervos bien fornidos;
ágiles, desenvueltos, alentados,
animosos, valientes, atrevidos,
duros en el trabajo y sufridores
de fríos mortales, hambres y calores.

No ha habido rey jamás que sujetase
esta soberbia gente libertada,
ni estranjera nación que se jatase
de haber dado en sus términos pisada,
ni comarcana tierra que se osase
mover en contra y levantar espada.
Siempre fue esenta, indómita, temida,
de leyes libre y de cerviz erguida.

El potente rey Inga, aventajado
en todas las antárticas regiones,
fue un señor en estremo aficionado
a ver y conquistar nuevas naciones,
y por la gran noticia del Estado
a Chile despachó sus orejones;
mas la parlera fama desta gente
la sangre les templó y ánimo ardiente.

Pero los nobles Ingas valerosos
los despoblados ásperos rompieron,
y en Chile algunos pueblos belicosos
por fuerza a servidumbre los trujeron,
a do leyes y edictos trabajosos
con dura mano armada introdujeron,
haciéndolos con fueros disolutos
pagar grandes subsidios y tributos.

Dado asiento en la tierra y reformado
el campo con ejército pujante,
en demanda del reino deseado
movieron sus escuadras adelante.
No hubieron muchas millas caminado,
cuando entendieron que era semejante
el valor a la fama que alcanzada
tenía el pueblo araucano por la espada.



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