La araucana primera parte: 020

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CANTO I
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La araucana primera parte



Una batalla tuvo aquí sangrienta,
donde a punto llegó de ser perdido
pero Dios le acorrió en aquella afrenta,
que en todas las demás le había acorrido.
Otros dello darán más larga cuenta,
que les está este cargo cometido;
allí fue preso el bárbaro Ainauillo;
honor de los pencones y caudillo.

De allí llegó al famoso Biobío
el cual divide a Penco del Estado,
que del Nibequetén, copioso río,
y de otros viene al mar acompañado.
De donde con presteza y nuevo brío,
en orden buena y escuadrón formado
pasó de Andalicán la áspera sierra
pisando la araucana y fértil tierra.

No quiero detenerme más en esto
pues que no es mi intención dar pesadumbre,
y así pienso pasar por todo presto,
huyendo de importunos la costumbre;
digo con tal intento y presupuesto,
que antes que los de Arauco a servidumbre
viniesen, fueron tantas las batallas,
que dejo de prolijas de contallas.

Ayudó mucho el inorante engaño
de ver en animales corregidos
hombres que por milagro y caso estraño
de la región celeste eran venidos;
y del súbito estruendo y grave daño
de los tiros de pólvora sentidos,
como a inmortales dioses los temían
que con ardientes rayos combatían.

Los españoles hechos hazañosos
el error confirmaban de inmortales,
afirmando los más supersticiosos
por los presentes los futuros males;
y así tibios, suspensos y dudosos,
viendo de su opresión claras señales,
debajo de hermandad y fe jurada
dio Arauco la obediencia jamás dada.

Dejando allí el seguro suficiente
adelante los nuestros caminaron;
pero todas las tierras llanamente,
viendo Arauco sujeta se entregaron,
y reduciendo a su opinión gran gente,
siete ciudades prósperas fundaron:
Coquimbo, Penco, Angol y Santiago,
la Imperial, Villarica, y la del Lago.



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