La araucana primera parte: 023

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CANTO II
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La araucana primera parte



Esto verse podrá por esta historia,
ejemplo dello aquí puede sacarse,
que no bastó riqueza, honor y gloria
con todo el bien que puede desearse
a llevar adelante la vitoria;
que el claro cielo al fin vino a turbarse,
mudando la Fortuna en triste estado
el curso y orden, próspera del hado.

La gente nuestra ingrata se hallaba
en la prosperidad que arriba cuento,
y en otro mayor bien que me olvidaba,
hallado en pocas casas, que es contento.
De tal manera en él se descuidaba
(cierta señal de triste acaecimiento)
que en una hora perdió el honor y estado
que en mil años de afán había ganado.

Por dioses, como dije, eran tenidos
de los indios los nuestros; pero olieron
que de mujer y hombre eran nacidos,
y todas sus flaquezas entendieron.
Viéndolos a miserias sometidos
el error inorante conocieron,
ardiendo en viva rabia avergonzados
por verse de mortales conquistados.

No queriendo a más plazo difirirlo
entrellos comenzó luego a tratarse
que, para en breve tiempo concluirlo
y dar el modo y orden de vengarse,
se junten a consulta a difinirlo,
do venga la sentencia a pronunciarse,
dura, ejemplar, cruel, irrevocable,
horrenda a todo el mundo y espantable.

Iban ya los caciques ocupando
los campos con la gente que marchaba
y no fue menester general bando,
que el deseo de la guerra los llamaba
sin promesas ni pagas, deseando
el esperado tiempo que tardaba,
para el decreto y áspero castigo
con muerte y destruición del enemigo.



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