La araucana primera parte: 027

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CANTO II
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La araucana primera parte



«Alto, sús, que yo acepto el desafío
-responde Lemolemo-, y tengo en nada
poner a prueba lo que es mío,
que más quiero librarlo por la espada;
mostraré ser verdad lo que porfío,
a dos, a cuatro, a seis en la estacada;
y si todos quistión queréis conmigo
os haré manifiesto lo que digo».

Purén, que estaba aparte, habiendo oído
la plática enconosa y rumor grande,
diciendo, en medio dellos se ha metido
que nadie en su presencia se desmande.
Y ¿quién imaginar es atrevido
que donde está Purén más otro mande?
La grita y el furor se multiplica,
quién esgrime la maza, y quién la pica.

Tomé y otros caciques se metieron
en medio destos bárbaros de presto,
y con dificultad los despartieron
que no hicieron poco en hacer esto:
de herirse lugar aun no tuvieron
y en voz airada, ya el temor pospuesto,
Colocolo, el cacique más anciano,
a razón así tomó la mano:

«Caciques del Estado defensores:
codicia de mandar no me convida
a pesarme de veros pretensores
de cosa que a mí tanto era debida
porque, según mi edad, ya veis, señores,
que estoy al otro mundo de partida;
mas el amor que siempre os he mostrado,
a bien aconsejaros me ha incitado.

¿Por qué cargos honrosos pretendemos
y ser en opinión grande tenidos,
pues que negar al mundo no podemos
haber sido sujetos y vencidos?
Y en esto averiguarnos no queremos,
estando de españoles oprimidos:
mejor fuera esa furia ejecutalla
contra el fiero enemigo en la batalla.



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