La araucana primera parte: 029

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CANTO II
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La araucana primera parte



En la virtud de vuestro brazo espero
que puede en breve tiempo remediarse;
mas ha de haber un capitán primero,
que todos por él quieran gobernarse.
Este será quien más un gran madero
sustentare en el hombro sin pararse,
y pues que sois iguales en la suerte,
procure cada cual de ser más fuerte».

Ningún hombre dejó de estar atento
oyendo del anciano las razones;
y puesto ya silencio al parlamento
hubo entrellos diversas opiniones;
al fin, de general consentimiento
siguiendo las mejores intenciones,
por todos los caciques acordado
lo propuesto del viejo fue acetado.

Podría de alguno ser aquí una cosa
que parece sin término notada,
y es que una provincia poderosa,
en la milicia tanto ejercitada,
de leyes y ordenanzas abundosa,
no hubiese una cabeza señalada
a quien tocase el mando y regimiento,
sin allegar a tanto rompimiento.

Respondo a esto que nunca sin caudillo
la tierra estuvo, electo del senado;
que, como dije, en Penco el Ainauillo
fue por nuestra nación desbaratado,
y viniendo de paz, en un castillo
se dice, aunque no es cierto, que un bocado
le dieron de veneno en la comida,
donde acabó su cargo con la vida.

Pues el madero súbito traído,
no me atrevo a decir lo que pesaba,
que era un macizo líbano fornido
que con dificultad se rodeaba.
Paicabí le aferró menos sufrido,
y en los valientes hombros le afirmaba;
seis horas lo sostuvo aquel membrudo
pero llegar a siete jamás pudo.



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