La araucana primera parte: 031

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CANTO II
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La araucana primera parte



No se vio allí persona en tanta gente
que no quedase atónita de espanto,
creyendo no haber hombre tan potente
que la pesada carga sufra tanto;
la ventaja le daban juntamente
con el gobierno, mando y todo cuanto
a digno general era debido,
hasta allí justamente merecido.

Ufano andaba el bárbaro y contento
de haberse más que todos señalado,
cuando Caupolicán aquel asiento,
sin gente, a la ligera, había llegado;
tenía un ojo sin luz de nacimiento
como un fino granate colorado,
pero lo que en la vista le faltaba,
en la fuerza y esfuerzo le sobraba.

Era este noble mozo de alto hecho
varón de autoridad, grave y severo,
amigo de guardar todo derecho,
áspero y riguroso, justiciero;
de cuerpo grande y relevado pecho,
hábil, diestro, fortísimo y ligero,
sabio, astuto, sagaz, determinado,
y en casos de repente reportado.

Fue con alegre muestra recebido,
-aunque no sé si todos se alegraron-;
el caso en esta suma referido
por su término y puntos le contaron.
Viendo que Apolo ya se había escondido
en el profundo mar, determinaron
que la prueba de aquél se dilatase
hasta que la esperada luz llegase.

Pasábase la noche en gran porfía
que causó esta venida entre la gente;
cuál se atiene a Lincoya y cuál decía
que es el Caupolicano más valiente.
Apuestas en favor y contra había;
otros, sin apostar, dudosamente,
hacia el oriente vueltos aguardaban
si los febeos caballos asomaban.



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