La araucana primera parte: 034

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CANTO II
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La araucana primera parte



Es cosa en que mil gentes han parado
y están en duda muchos hoy en día,
pareciéndoles que esto que he contado
es alguna fición y poesía;
pues en razón no cabe que un senado
de tan gran diciplina y pulicía
pusiese una elección de tanto peso
en la robusta fuerza y no en el seso.

Sabed que fue artificio, fue prudencia
del sabio Colocolo, que miraba
la dañosa discordia y diferencia
y el gran peligro en que su patria andaba,
conociendo el valor y suficiencia
deste Caupolicán que ausente estaba,
varón en cuerpo y fuerzas estremado,
de rara industria y ánimo dotado.

Así propuso astuta y sabiamente
(para que la eleción se dilatase)
la prueba al parecer impertinente
en que Caupolicán se señalase,
y en esta dilación tan conveniente
dándole aviso, a la elección llegase,
trayendo así el negocio por rodeo
a conseguir su fin y buen deseo.

Celebraba con pompa allí el senado
de la justa eleción la fiesta honrosa
y el nuevo capitán, ya con cuidado
de dar principio a alguna grande cosa,
manda a Palta, sargento, que, callado,
de la gente más presta y animosa
ochenta diestros hombres aperciba
y a su cargo apartados los reciba.

Fueron, pues, escogidos los ochenta
de más esfuerzo y menos conocidos;
entre ellos dos soldados de gran cuenta
por quien fuesen mandados y regidos,
hombres diestros, usados en afrenta,
a cualquiera peligro apercebidos;
el uno se llamaba Cayeguano,
el otro Alcatipay de Talcaguano.



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