La araucana primera parte: 035

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CANTO II
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La araucana primera parte



Tres castillos los nuestros ocupados
tenían para el seguro de la tierra,
de fuertes y anchos muros fabricados,
con foso que los ciñe en torno y cierra,
guarnecidos de pláticos soldados
usados al trabajo de la guerra,
caballos, bastimento, artillería,
que en espesas troneras asistía.

Estaba el uno cerca del asiento
adonde era la fiesta celebrada,
y el araucano ejército contento
mostrando no temer al mundo en nada,
que con discurso vano y movimiento
quería llevarlo todo a pura espada;
pero Caupolicán más cuerdamente
trataba del remedio conveniente.

Había entre ellos algunas opiniones
de cercar el castillo más vecino;
otros, que con formados escuadrones
a Penco enderezasen el camino;
dadas de cada parte sus razones
Caupolicán en nada desto vino,
antes al pabellón se retiraba
y a los ochenta bárbaros llamaba.

Para entrar el castillo fácilmente
les da industria y manera disfrazada,
con expresa instrución que plaza y gente
metan a fuego y a rigor de espada,
porque él luego tras ellos diligente
ocupará los pasos y la entrada;
después de haberlos bien amonestado,
pusieron en efecto lo tratado.

Era en aquella plaza y edificio
la entrada a los de Arauco defendida,
salvo los necesarios al servicio
de la gente española estatuida
a la defensa della y ejercicio
de la fiera Belona embravecida;
y así los cautos bárbaros soldados
de feno, yerba y leña iban cargados.



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