La araucana primera parte: 036

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CANTO II
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La araucana primera parte



Sordos a las demandas y preguntas
siguen su intento y el camino usado,
las cargas en hilera y orden juntas,
habiendo entre los haces sepultado
astas fornidas de ferradas puntas;
y así contra el castillo, descuidado
del encubierto engaño, caminaban
y en los vedados límites entraban.

El puente, muro y puerta atravesando
miserables, los gestos afligidos,
algunos de cansados cojeando,
mostrándose marchitos y encogidos;
pero dentro las cargas desatando,
arrebatan las armas atrevidos,
con amenaza, orgullo y confianza
de la esperada y súbita venganza.

Los fuertes españoles salteados,
viendo la airada muerte tan vecina,
corren presto a las armas, alterados
de la estraña cautela repentina,
y a vencer o morir determinados,
cuál con celada, cuál con coracina,
salen a resistir la furia insana
de la brava y audaz gente araucana.

Asáltanse con ímpetu furioso,
suenan los hierros de una y otra parte;
allí muestra su fuerza el sanguinoso
y más que nunca embravecido Marte.
De vencer cada uno deseoso,
buscaba nuevo modo, industria y arte
de encaminar el golpe de la espada
por do diese a la muerte franca entrada.

La saña y el coraje se renueva
con la sangre que saca el hierro duro;
ya la española gente a la india lleva
a dar de las espaldas en el muro;
ya el infiel escuadrón con fuerza nueva
cobra el perdido campo mal seguro,
que estaba de los golpes esforzados
cubierto de armas, y ellos desarmados.



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