La araucana primera parte: 037

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CANTO II
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La araucana primera parte



Viéndose en tanto estrecho los cristianos,
de temor y vergüenza constreñidos,
las espadas aprietan en las manos
en ira envueltos y en furor metidos;
cargan sobre los fieros araucanos
por el ímpetu nuevo enflaquecidos;
entran en ellos, hieren y derriban
y a muchos de cuidado y vida privan.

Siempre los españoles mejoraban
haciendo fiero estrago y tan sangriento
en los osados indios, que pagaban
el poco seso y mucho atrevimiento.
Casi defensa en ellos no hallaban,
pierden la plaza y cobran escarmiento;
al fin de tal manera los trataron
que a fuerza de los muros los lanzaron.

Apenas Cayeguán y Talcaguano
salían, cuando con paso apresurado
asomó el escuadrón caupolicano
teniendo el hecho ya por acabado;
mas viendo el esperado efeto vano
y el puente del castillo levantado,
pone cerco sobre él, con juramento
de no dejarle piedra en el cimiento.

Sintiendo un español mozo que había
demasiado temor en nuestra gente,
más de temeridad que de osadía
cala sin miedo y sin ayuda el puente
y puesto en medio dél, alto decía:
«Salga adelante, salga el más valiente,
uno por uno a treinta desafío
y a mil no negaré este cuerpo mío».

No tan presto las fieras acudieron
al bramar de la res desamparada,
que de lejos sin orden conocieron
del pueblo y moradores apartada,
como los araucanos cuando oyeron
del valiente español la voz osada,
partiendo más de ciento presurosos
del lance y cierta presa codiciosos.



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