La araucana primera parte: 039

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CANTO II
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La araucana primera parte



Los españoles, sin poder sufrillo,
dejan el campo y de tropel corriendo
se lanzan por las puertas del castillo,
al bárbaro la entrada resistiendo,
levan el puente, calan el rastrillo,
reparos y defensas preveniendo;
suben tiros y fuegos a lo alto,
temiendo el enemigo y fiero asalto.

Pero viendo ser todo perdimiento
y aprovecharles poco o casi nada,
de voto y de común consentimiento
su clara destruición considerada,
acuerdan de dejar el fuerte asiento;
y así en la escura noche deseada
cuando se muestra el mundo más quieto
la partida pusieron en efeto.

A punto estaban y a caballo cuando
abren las puertas, derribando el puente
y a los prestos caballos aguijando
el escuadrón embisten de la frente,
rompen por él hiriendo y tropellando,
y sin hombre perder, dichosamente
arriban a Purén, plaza segura,
cubiertos de la noche y sombra escura.

Mientras esto en Arauco sucedía,
en el pueblo de Penco, más vecino
que a la sazón en Chile florecía,
fértil de ricas minas de oro fino,
el capitán Valdivia residía,
donde la nueva por el aire vino
que afirmaba con término asignado
la alteración y junta del Estado.

El común, siempre amigo de ruido,
la libertad y guerra deseando,
por su parte alterado y removido,
se va con este són desentonando;
al servicio no acude prometido,
sacudiendo la carga y levantando
la soberbia cerviz desvengonzada,
negando la obediencia a Carlos dada.



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