La araucana primera parte: 042

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CANTO III
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La araucana primera parte



¡Cómo de los que yerran abominan
los que están libres en seguro puerto!,
¡qué bien de allí las cosas encaminan
y dan en todo un medio y buen concierto!
¡Con qué facilidad se determinan,
visto el suceso y daño descubierto!
Dios sabe aquel que a la derecha vía,
metido en la ocasión acertaría.

Valdivia iba siguiendo su jornada
y el duro disponer del hado duro,
no con la furia y priesa acostumbrada,
presago y con temor del mal futuro;
sospechoso de bárbara emboscada,
por hacer el camino más seguro,
echó algunos delante para prueba
pero jamás volvieron con la nueva.

Viendo los nuestros ya que al plazo puesto
los tardos corredores no volvían,
unos juzgan el daño manifiesto,
otros impedimentos les ponían;
hubo consejo y parecer sobre esto,
al cabo en caminar se resolvían,
ofreciéndose todos a una suerte,
a un mismo caso y a una misma muerte.

Aunque el temor allí tras esto vino
en sus valientes brazos se atrevieron
y a su próspera suerte y buen destino
el dudoso suceso cometieron;
no dos leguas andadas del camino,
las amigas cabezas conocieron
de los sangrientos cuerpos apartadas,
y en empinados troncos levantadas.

No el horrendo espectáculo presente
causó en los firmes ánimos mudanza;
antes con ira y cólera impaciente
se encienden más, sedientos de venganza
y de rabia incitados nuevamente
maldicen y murmuran la tardanza;
sólo Valdivia calla y teme el punto,
pero rompió el silencio y pena junto


diciendo: «¡Oh compañeros, do se encierra
todo esfuerzo, valor y entendimiento!
Ya veis la desvergüenza de la tierra
que en nuestro daño da bandera al viento.
Veis quebrada la fe, rota la guerra,
los pactos van del todo en rompimiento,
siento la áspera trompa en el oído
y veo un fuego diabólico encendido.



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