La araucana primera parte: 043

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CANTO III
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La araucana primera parte



Bien conocéis la fuerza del Estado,
con tanto daño nuestro autorizada;
mirad lo que Fortuna os ha ayudado,
guiando con su mano vuestra espada;
el trabajo y la sangre que ha costado,
que della está la tierra alimentada
y pues tenemos tiempo y aparejo,
será bueno tomar nuevo consejo.

Quién estos son tendréis en la memoria,
pues hay tanta razón de conocellos,
que si dellos no hubiésemos vitoria
y en campo no pudiésemos vencellos,
será tal su arrogancia y vanagloria
que el mundo no podrá después con ellos
dudoso estoy, no sé, no sé qué haga,
que a nuestro honor y causa satisfaga».

La poca edad y menos esperiencia
de los mozos livianos que allí había
descubrió con la usada inadvertencia
a tal tiempo su necia valentía,
diciendo: «¡Oh capitán!, danos licencia
que solos diez, sin otra compañía,
el bando asolaremos araucano
y haremos el camino y paso llano.

Lo que jamás hicimos en estrecho,
no es bien por nuestro honor que lo hagamos,
pues es cierto que cuanto habemos hecho,
volviendo atrás un paso, lo manchamos;
mostremos al peligro osado pecho,
que en él está la gloria que buscamos».
Valdivia, de la réplica sentido,
enmudeció de rabia y de corrido.

¡Oh, Valdivia, varón acreditado,
cuánto la verde plática sentiste!
No solías tú temer como soldado,
mas de buen capitán ahora temiste;
vas a precisa muerte condenado,
que como diestro y sabio la entendiste,
pero quieres perder antes la vida
que sea en ti una flaqueza conocida.



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