La araucana primera parte: 046

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CANTO III
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La araucana primera parte



Contra el escuadrón bárbaro importuno
ir se dejan sin miedo a rienda floja,
y en el encuentro de los diez, ninguno
dejó allí de sacar la lanza roja;
desocupó la silla sólo uno,
que con la basca y última congoja
de la rabiosa muerte el pecho abierto,
sobre la llaga en tierra cayó muerto.

Y los nueve después también cayeron
haciendo tales hechos señalados,
que digna y justamente merecieron
ser de la eterna fama levantados;
hechos pedazos todos diez murieron,
quedando de su muerte antes vengados.
En esto la española trompa oída
dio la postrer señal de arremetida.

Salen los españoles, de tal suerte
los dientes y las lanzas apretando,
que de cuatro escuadrones, al más fuerte
le van un largo trecho retirando;
hieren, dañan, atropellan, dan la muerte,
piernas, brazos, cabezas cercenando;
los bárbaros por esto no se admiran,
antes cobran el campo y los retiran.

Sobre la vida y muerte se contiende
-perdone Dios a aquel que allí cayere-,
del un bando y del otro así se ofende
que de ambas partes mucha gente muere
bien se estima la plaza y se defiende,
volver un paso atrás ninguno quiere;
cubre la roja sangre todo el prado,
tornándole de verde colorado.

Del rigor de las armas homicidas
los templados arneses reteñían,
y las vivas entrañas escondidas
con carniceros golpes descubrían;
cabezas de los cuerpos divididas
que aún el vital espíritu tenían
por el sangriento campo iban rodando,
vueltos los ojos ya paladeando.



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