La araucana primera parte: 050

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CANTO III
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La araucana primera parte



Estaba el suelo de armas ocupado
y el desigual combate más revuelto,
cuando Caupolicano reportado
a las amigas voces había vuelto;
también habían sus gentes reparado
con vergonzoso ardor en ira envuelto,
de ver que un solo mozo resistía
a lo que tanta gente no podía.

Cual suele acontecer a los de honrosos
ánimos, de repente inadvertidos,
o cuando en los lugares sospechosos
piensan otros que van desconocidos,
que en pendencias y encuentros peligrosos
huyen; pero si ven que conocidos
fueron de quién los sigue, avergonzados
vuelven furiosos, del honor forzados.

Así los araucanos revolviendo
contra los vencedores arremeten,
y las rendidas armas esgrimiendo,
a voces de morir todos prometen.
Treme y gime la tierra del horrendo
furor con que ambas partes se acometen,
derramando con rabia y fuerza brava
aquella poca sangre que quedaba.

Diego Oro allí derriba a Paynaguala,
que de una punta le atraviesa el pecho;
pero Caupolicano le señala,
dejándole gozar poco del hecho.
Al sesgo la ferrada maza cala,
aunque el furioso golpe fue al derecho,
pues quedó por de dentro la celada
de los bullentes sesos rociada.

Tras éste, otro tendió desfigurado,
tanto que nunca más fue conocido,
que la armada cabeza y todo el lado
donde el golpe alcanzó, quedó molido.
Valdivia con Ongolmo se ha topado,
y hanse el uno y el otro acometido;
hiere Valdivia a Ongolmo en una mano,
haciendo el araucano el golpe en vano.



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