La araucana primera parte: 052

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CANTO III
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La araucana primera parte



Era la diferencia incomparable
del número infiel al bautizado;
es el un escuadrón inumerable,
el otro hasta sesenta numerado;
ya la incierta Fortuna variable
que dudosa hasta entonces había estado,
aprobó la maldad y dio por justa
la causa y opinión hasta allí injusta.

Dos mil amigos bárbaros soldados
que el bando de Valdivia sustentaban,
en el flechar del arco ejercitados
el sangriento destrozo acrecentaban
derramando más sangre, y esforzados
en la muerte también acompañaban
a la española gente no vencida
en cuanto sustentar pudo la vida.

Cuando de aqueste y cuando de aquel canto
mostraba el buen Valdivia esfuerzo y arte,
haciendo por la espada todo cuanto
pudiera hacer el poderoso Marte.
No basta a reparar él solo tanto,
que falta de los suyos la más parte;
los otros, aunque ven su fin tan cierto,
ningún medio pretenden ni concierto.

De dos en dos, de tres en tres cayendo
iba la desangrada y poca gente;
siempre el ímpetu bárbaro creciendo
con el ya declarado fin presente.
Fuese el número flaco resumiendo
en catorce soldados solamente
que constantes rendir no se quisieron
hasta que al crudo hierro se rindieron.

Sólo quedó Valdivia acompañado
de un clérigo que acaso allí venía,
y viendo así su campo destrozado,
el mal remedio y poca compañía,
dijo: «Pues pelear es escusado,
procuremos vivir por otra vía».
Pica en esto al caballo a toda priesa
tras él corriendo el clérigo de misa.



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