La araucana primera parte: 055

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO III
Pág. 055 de 239
La araucana primera parte



Cuando la luz las aves anunciaban
y alegres sus cantares repetían,
un sitio de altos árboles cercaban
que una espaciosa plaza contenían;
y en ellos las cabezas empalaban
que de españoles cuerpos dividían;
los troncos, de su rama despojados,
eran de los despojos adornados;

y dentro de aquel círculo y asiento,
cercado de una amena y gran floresta,
en memoria y honor del vencimiento
celebran de beber la alegre fiesta;
y el vino así aumentó el atrevimiento
que España en gran peligro estaba puesta;
pues que promete el mínimo soldado
de no dejar cimiento levantado.

Era allí la opinión generalmente
que sin tardar, doblando las jornadas,
partiese un grueso numero de gente
a dar en las ciudades descuidadas;
que tomadas de salto y de repente,
serían con solo el miedo arruinadas
y la patria en su honor restituida,
no dejando cristiano con la vida.

Y dado orden bastante y esto hecho,
para acabar de esecutar su saña,
con gran poder y ejército, de hecho
querían pasar la vuelta de la España,
pensándola poner en tanto estrecho
por fuerza de armas, puestos en campaña,
que fuesen cultivadas las iberas
tierras de las naciones estranjeras.

El hijo de Leocano bien entiende
el vano intento y quiere desviarlo,
que, como diestro y sabio, otro pretende,
y por mejor camino enderezarlo.
El tiempo espera y la sazón atiende
que estén mejor dispuestos a tratarlo;
la fiesta era acabada y borrachera
cuando a todos les habla en tal manera:



<<<
>>>