La araucana primera parte: 056

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CANTO III
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La araucana primera parte



«Menos que vos, señores, no pretendo
la dulce libertad tan estimada,
ni que sea nuestra patria yo defiendo
en el sublime trono restaurada;
mas hase de atender a que pudiendo
ganar, no se aventure a perder nada;
y así con este celo y fin procuro
no poner en peligro lo seguro.

Tomad con discreción los pareceres
que van a la razón más arrimados;
pues cobrar vuestros hijos y mujeres
está en ir los principios acertados;
vuestra fama, el honor, tierra y haberes
a punto están de ser recuperados,
que el tiempo, que es el padre del consejo
en las manos nos pone el aparejo.

A Valdivia y los suyos habéis muerto,
y una importante plaza destruido;
venir a la venganza será cierto
luego que en las ciudades sea sabido.
Demos al enemigo el paso abierto,
esto asegura más nuestro partido.
Vengan, vengan con furia a rienda suelta,
que difícil será después la vuelta.

La vitoria tenemos en las manos
y pasos en la tierra mil seguros
de ciénegas, lagunas y pantanos,
espesos montes, ásperos y duros;
mejor pelean aquí los araucanos,
españoles mejor dentro en sus muros;
cualquier hombre en su casa acometido
es más sabio, más fuerte y atrevido.

Esto os vengo a decir porque se entienda
cuanto con más seguro acertaremos,
para poder tomar la justa emienda,
que en sitios escogidos esperemos,
donde no habrá en el mundo quien defienda
la razón y derecho que tenemos,
cuando temor tuviesen de buscarnos,
a sus casas iremos a alojarnos».



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