La araucana primera parte: 057

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CANTO III
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La araucana primera parte



Con atención de todos escuchada
fue la oración que el General hacía,
siendo de los más dellos aprobada,
por ver que a su remedio convenía;
la gente ya del todo sosegada,
Caupolicán al joven se volvía
por quien fue la vitoria, ya perdida,
con milagrosa prueba conseguida.

Por darle más favor, le tenía asido
con la siniestra de la diestra mano,
diciéndole: «Oh varón, que has estendido
el claro nombre y límite araucano!
Por ti ha sido el Estado redimido,
tú le sacaste del poder tirano,
a ti solo se debe esta vitoria
digna de premio y de inmortal memoria.

«Y, señores, pues es tan manifiesto,
(esto dijo volviéndose al senado)
el punto en que Lautaro nos ha puesto
(que así el valiente mozo era llamado),
yo, por remuneralle en algo desto,
con vuestra autoridad que me habéis dado,
por paga, aunque a tal deuda insuficiente,
le hago capitán y mi teniente.

Con la gente de guerra que escogiere,
pues que ya de sus obras sois testigos,
en el sitio en que más le pareciere
se ponga a recebir los enemigos,
adonde hasta que vengan los espere;
porque yo con la resta y mis amigos
ocuparé la entrada de Elicura,
aguardando la misma coyuntura».

Del grato mozo el cargo fue acetado
con el favor que el general le daba;
aprobólo el común aficionado,
si alguno le pesó, no lo mostraba;
y por el orden y uso acostumbrado,
el gran Caupolicán le tresquilaba,
dejándole el copete en trenza largo,
insignia verdadera de aquel cargo.

Fue Lautaro industrioso, sabio, presto,
de gran consejo, término y cordura,
manso de condición y hermoso gesto,
ni grande ni pequeño de estatura;
el ánimo en las cosas grandes puesto,
de fuerte trabazón y compostura;
duros los miembros, recios y nervosos,
anchas espaldas, pechos espaciosos.



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