La araucana primera parte: 061

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CANTO IV
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La araucana primera parte



Conocen que la tierra está alterada
y que de gentes hacen llamamiento;
no torcieron por esto la jornada,
ni les mudó el temor el firme intento;
la fresca y nueva aurora colorada
daba con su venida gran contento,
y las sombras del sol se retraían
cuando el licúreo valle descubrían.

Aquí estaban los indios emboscados
esperando a los nuestros si viniesen,
por cogerlos sin orden descuidados
antes que del peligro se advirtiesen
de un bosque a mano hecho rodeados
para que más cubiertos estuviesen,
hasta que, inadvertidos del engaño,
pudiesen a su salvo hacer el daño.

Los catorce españoles abajaban
por un repecho, al valle enderezando,
donde ocultos los bárbaros estaban,
cubiertos de los ramos aguardando;
los nuestros con el bosque aún no igualaban
cuando los indios, súbito sonando
bárbaras trompas, roncos tamborinos,
los pasos ocuparon y caminos.

En cazador no entró tanta alegría,
cuando más sin pensar la liebre echada
de súbito por medio de la vía
salta de entre los pies alborotada,
cuanto causó la muestra y vocería
del vecino escuadrón de la emboscada
a nuestros españoles, que al instante
arrojan los caballos adelante.

En un punto los bárbaros formaron
de puntas de diamante una muralla;
pero los españoles no pararon
hasta de parte a parte atravesalla;
hombres, picas y mazas tropellaron,
revuelven, por dar fin a la batalla,
con más valor y esfuerzo que esperanza,
vista de los contrarios la pujanza.



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