La araucana primera parte: 071

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CANTO IV
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La araucana primera parte



Muda el intento, muda la sentencia
que contra Juan de Almagro dado había,
y la furiosa maza e impaciencias
al triste Maldonado revolvía;
cala un golpe con toda su potencia
mas el presto caballo se desvía;
Tucapel de furioso el tiro yerra
y el ferrado troncón metió por tierra.

No escapó Maldonado de la muerte
que al punto llega el bravo Lemolemo
con un largo bastón ñudoso y fuerte
a manera de corvo y grueso remo,
y un golpe le señala de tal suerte
que no le erró el ferrado y duro estremo
ni la celada prestó de estofa llena,
que los sesos saltaron por la arena.

En esto una gran nube tenebrosa
el aire y cielo súbito turbando,
con una escuridad triste y medrosa
del sol la luz escasa fue ocupando;
salta Aquilón con furia procelosa
los árboles y plantas inclinando,
envuelto en raras gotas de agua gruesas
que luego descargaron más espesas.

Como el diestro atambor que apercibiendo
al duro asalto y fiera batería,
va con los tardos golpes previniendo
la presta y animosa compañía,
pero el punto y señal última oyendo
suena la horrenda y áspera armonía,
así el negro ñublado turbolento
lanza un diluvio súbito y violento.

En escura tiniebla el cielo vuelto,
la furiosa tormenta se esforzaba;
agua, piedras y rayos todo envuelto
en espesos relámpagos lanzaba;
el araucano ejército revuelto
por acá y por allá se derramaba;
crece la tempestad horrenda tanto
que a los más esforzados puso espanto.



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