La araucana primera parte: 074

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CANTO IV
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La araucana primera parte



La sangre les cuajó un temor helado,
gran turbación les puso a todos, cuando
el caso de Valdivia desastrado
les fueron por sus términos narrando;
y así viendo el castillo mal parado,
de consejo común considerando
la pujanza que el bárbaro traía,
le dejaron desierto el mismo día.

Hacia Cautén tomaron la jornada
llevando a Almagro acaso de camino,
que por venir la noche tan cerrada
libre salió del campo lautarino;
la fuerza fue por tierra derribada,
que luego el enemigo pueblo vino
talando municiones y comidas
que en el castillo estaban recogidas.

Dieron vuelta los bárbaros gozosos
hacia do su ejército venía,
retumbando en los montes cavernosos
el alegre rumor y vocería;
y por aquellos prados espaciosos
con la vitoria y gozo de aquel día
tales cantos y juegos inventaban
que el cansancio con ellos engañaban.

Juntos, el general con grave muestra
los habla y los recibe alegremente,
y asiendo blandamente de la diestra
al valiente Lautaro, su teniente,
una escuadra le entrega de maestra,
escogida, gallarda y buena gente,
en armas y trabajo ejercitada
para cualquier empresa y gran jornada.

A Lautaro dejemos, pues, en esto,
que mucho su proceso me detiene,
forzoso a tratar dél volveré presto,
que llegar hasta Penco me conviene,
pues hace tanto a nuestro presupuesto
decir cómo a la guerra se previene
que sangrienta y mortal se aparejaba,
y el justo sentimiento que mostraba.



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