La araucana primera parte: 076

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO IV
Pág. 076 de 239
La araucana primera parte



Caudillo era y cabeza de la gente
Francisco Villagrán, varón tenido
por sabio en la milicia y suficiente,
con suma diligencia prevenido;
de Pedro de Valdivia fue teniente,
después de su persona obedecido;
sentido del suceso y caso fuerte
brama por la venganza de su muerte.

Las mujeres de nuevos alaridos
hieren el alto cóncavo del cielo,
viendo al peligro puestos los maridos
y ellas en tal trabajo y desconsuelo;
con lagrimosos ojos y gemidos
echadas de rodillas por el suelo,
les ponen los hijuelos por delante,
pero cosa a moverlos no es bastante.

Ya de lo necesario aparejados
en demanda del bárbaro salían,
de arneses lucidísimos armados
que vistosos de lejos parecían;
las mujeres por torres y tejados
con fijos ojos tiernos los seguían
y echándoles de allí mil bendiciones
vuelven a Dios el ruego y peticiones.

Del tropel se despiden ciudadano,
que del pueblo saliera a acompañallos,
y en busca del ejército araucano
pican a toda priesa los caballos;
dejan a la siniestra a Mareguano,
y a la diestra, de Talca los vasallos
hijo de Talcaguano, que su tierra
la ciñe casi en torno el mar y sierra.

De los seguros límites pasando,
pisan de Andalicán la enjuta arena
y el espacioso llano atravesando,
suben las lomas, y el rumor no suena;
y al pie del cerro andálico llegando,
sin entender lo que Lautaro ordena,
sólo el miedo de entrar por el Estado
les mitigó el furor demasiado.



<<<
>>>