La araucana primera parte: 077

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CANTO IV
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La araucana primera parte



Un paso peligroso, agrio y estrecho
de la banda del norte está a la entrada,
por un monte asperísimo y derecho,
la cumbre hasta los cielos levantada;
está tras éste un llano, poco trecho,
y luego otra menor cuesta tajada
que divide el distrito andalicano
del fértil valle y límite araucano.

Esta cuesta Lautaro había elegido
para dar la batalla, y por concierto
tenía todo su ejército tendido
en lo más alto della y descubierto;
viendo que a pie en lo llano es mal partido
seguir a los caballos campo abierto,
el alto y primer cerro deja esento,
pensando allí alcanzarlos por aliento.

Porque se tome bien del sitio el tino
quiero aquí figurarle por entero.
La subida no es mala del camino,
mas todo es lo demás despeñadero;
tiene al poniente al bravo mar vecino
que bate al pie de un gran derrumbadero
y en la cumbre y más alto de la cuesta
se allana cuanto un tiro de ballesta.

Estaba el alto cerro coronado
del poderoso ejército enemigo
y el camino al entrar desocupado,
sin defensa ni estorbo, como digo;
pasado el primer monte, había llegado
al pie deste segundo el bando amigo;
pero aquí Villagrán confuso estuvo,
que el peligroso trance le detuvo

como el romano César, que dudoso
el pie en el Rubicón fijó a la entrada,
pensando allí de nuevo el peligroso
hecho que acometía y gran jornada.
Al fin soltó las riendas animoso,
diciendo: «¡Sús, la suerte ya es echada!...»;
así nuestro español rompió el camino
dando libre la rienda a su destino.



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