La araucana primera parte: 084

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CANTO V
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La araucana primera parte



«¡Oh fieles compañeros vitoriosos
a quien Fortuna llama a tales hechos!
¡Ya es tiempo que los brazos valerosos
nuestras causas aprueben y derechos!
¡Sús, sús, calad las lanzas animosos.
Rompan los hierros los contrarios pechos,
y por ellos abrid roja corriente
sin respetar a amigo ni a pariente!

A las piezas guiad, que si ganadas
por vuestro esfuerzo son, con tal vitoria
célebres quedarán vuestras espadas
y eterna al mundo dellas la memoria,
el campo seguirá vuestras pisadas
siendo vos los autores desta gloria».
Y con esto la gente envanecida
hizo la temeraria arremetida.

Por infame se tiene allí el postrero,
que es la cosa que entre ellos más se nota;
el más medroso quiere ser primero
al probar si la lanza lleva bota:
no espanta ver morir al compañero
ni llevar quince o veinte una pelota
volando por los aires hechos piezas,
ni el ver quedar los cuerpos sin cabezas.

No los perturba y pone allí embarazo
ni punto los detiene el temor ciego;
antes si el tiro alguno lleva el brazo,
con el otro la espada esgrime luego;
llegan sin reparar hasta el ribazo
donde estaba la máquina del fuego;
viéranse allí las balas escupidas
por la bárbara furia detenidas.

Los demás arremeten luego en rueda
y de tiros la tierra y sol cubrían;
pluma no basta, lengua no hay que pueda
figurar el furor con que venían.
De voces, fuego, humo y polvoreda
no se entienden allí ni conocían;
mas poco aprovechó este impedimento
que ciegos se juntaban por el tiento.



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