La araucana primera parte: 085

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CANTO V
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La araucana primera parte



Tardaron poco espacio en concertarse
las enemigas haces ya mezcladas,
lo que allí se vio más para notarse
era el presto batir de las espadas;
procuran ambas partes señalarse,
y así vieran cabezas y celadas
en cantidad y número partidas,
y piernas de sus troncos divididas.

Unos por defender la artillería
con tal ímpetu y furia acometida,
otros por dar remate a su porfía
traban una batalla bien reñida;
para un solo español cincuenta había,
la ventaja era fuera de medida;
mas cada cual por sí tanto trabaja
que iguala con valor a la ventaja.

No quieren que atrás vuelva el estandarte
de Carlos Quinto Máximo glorioso,
mas que, a pesar del contrapuesto Marte
vaya siempre adelante vitorioso,
el cual, terrible y fiero, a cada parte,
envuelto en ira y polvo sanguinoso,
daba nuevo vigor a las espadas
de tanto combatir aún no cansadas.

Renuévase el furor y la braveza
según es el herir apresurado,
con aquel mismo esfuerzo y entereza
que si entonces lo hubieran comenzado;
las muertes, el rigor y la crudeza,
esto no puede ser sinificado,
que la espesa y menuda yerba verde
en sangre convertida el color pierde.

Villagrán la batalla en peso tiene,
que no pierde una mínima su puesto;
de todo lo importante se previene,
aquí va y allí acude y vuelve presto.
Hace de capitán lo que conviene
con usada esperiencia y fuera desto,
como osado soldado y buen guerrero
se arroja a los peligros el primero.