La araucana primera parte: 086

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CANTO V
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La araucana primera parte



Andando envuelto en sangre a Torbo mira
que en los cristianos hace gran matanza;
lleva el caballo y él, llevado de ira,
requiere en la derecha bien la lanza;
en los estribos firme, al pecho tira
mas la codicia y sobra de pujanza
desatentó la presurosa mano,
haciendo antes de tiempo el golpe en vano.

Hiende el caballo desapoderado
por la canalla bárbara enemiga;
revuelve a Torbo el español airado
y en bajo el brazo la jineta abriga;
pásale un fuerte peto tresdoblado
y el jubón de algodón y en la barriga
le abrió una gran herida, por do al punto
vertió de sangre un lago y la alma junto.

Saca entera la lanza, y derribando
el brazo atrás, con ira la arrojaba;
vuela la furiosa asta rechinando
del ímpetu y pujanza que llevaba,
y a Corpillán que estaba descansando
por entre el brazo y cuerpo le pasaba,
y al suelo penetró sin dañar nada
quedando media braza en él fijada.

Y luego Villagrán, la espada fuera,
por medio de la hueste va a gran priesa,
haciendo con rigor ancha carrera
a donde va la turba más espesa.
No menos Pedro de Olmos de Aguilera
en todos los peligros se atraviesa,
habiendo él solo muerto por su mano
a Guancho, Canio, Pillo y Titaguano.

Hernando y Juan, entrambos de Alvarado,
daban de su valor notoria muestra
y el viejo gran jinete Maldonado
voltea el caballo allí con mano diestra,
ejercitando con valor usado
la espada que en herir era maestra,
aunque la débil fuerza envejecida
hace pequeño el golpe y la herida.



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