La araucana primera parte: 092

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CANTO VI
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La araucana primera parte



Bernal hiere a Mailongo de pasada
de un valiente altabajo a fil derecho;
no le valió de acero la celada
que los filos corrieron hasta el pecho;
Aguilera al través tendió la espada
y al dispuesto Guamán dejó maltrecho,
haciendo ya el temor tan ancha senda
que bien pueden correr a toda rienda.

Salen, pues, los catorce vitoriosos
donde los otros de su bando estaban,
que turbados, sin orden, temerosos
de ver su muerte ya remolinaban;
no bastaron ni fueron poderosos
Villagrán y los otros que llegaban
a estorbar el camino comenzado,
que ya el temor gran fuerza había cobrado.

Viendo bravo y gallardo al araucano,
del todo de vencer desconfiados,
y los caballos sin aliento, en vano
de importunas espuelas fatigados,
a grandes voces dicen: «¡A lo llano!
No estemos desta suerte arrinconados...»
Y con nuevo temor y desatino
toman algunos dellos el camino.

Cual de cabras montesas la manada
cuando a lugar estrecho es reducida,
de diestros cazadores rodeada
y de importunos tiros perseguida,
que viéndose ofendida y apretada
una rompe el camino y la huida,
siguiendo las demás a la primera:
así abrieron los nuestros la carrera.

Uno, dos, diez y veinte, desmandados
corren a la bajada de la cuesta,
sin orden y atención apresurados,
como si al palio fueran sobre apuesta.
Aunque algunos valientes ocupados
con firme rostro y con espada presta,
combatiendo animosos, no miraban
cómo así los amigos los dejaban.



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