La araucana primera parte: 094

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CANTO VI
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La araucana primera parte



El cual siempre les iba caza dando
con mano presta y pies en la corrida,
hiriendo sin respeto y derribando
la inútil gente, mísera, impedida,
que a la amiga nación iba invocando
la ayuda en vano a la amistad debida,
poniéndole delante con razones
la deuda, el interés y obligaciones.

Y aunque más las razones obligaban,
si alguno a defenderlos revolvía,
viendo cuánto los otros se alargaban,
alargarse también le convenía;
ni a los que por amigos se trataban
ni a las que por amigas se debía,
con quien había amistad y cuenta estrecha,
llamar, gemir, llorar les aprovecha.

Que ya los nuestros sin parar en nada
por la carrera de su sangre roja
dan siempre nueva furia en su jornada,
y a los caballos priesa y rienda floja,
que ni la voz de virgen delicada,
ni obligación de amigos los congoja;
la pena y la fatiga que llevaban
era que los caballos no volaban.

Sordos a aquel clamor y endurecidos
miden con sueltos pies el verde llano;
pero algunos, de lástima movidos
viendo el fiero espectáculo inhumano,
de una rabiosa cólera encendidos
vuelven contra el ejército araucano
que corre por el campo derramado,
la más parte en la presa embarazado.

Determinados de morir, revuelven
haciendo al sexo tímido reparo,
y de suerte en los bárbaros se envuelven
que a más de diez la vuelta costó caro;
por esto los primeros aun no vuelven
que quieren que el partido sea más claro,
y no poner la vida en aventura
cuanto lejos de allí, tanto segura.



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