La araucana primera parte: 095

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CANTO VI
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La araucana primera parte



Torna la lid de nuevo a refrescarse
de un lado y otro andaba igual trabada,
pecho con pecho vienen a juntarse,
lanza con lanza, espada con espada;
pueden los españoles sustentarse,
que la gente araucana derramada
el alcance sin orden proseguía
haciendo todo el daño que podía.

Cual banda de cornejas esparcidas
que por el aire claro el vuelo tienden,
que de la compañera condolidas
por los chirridos la prisión entienden,
las batidoras alas recogidas
a darle ayuda en círculo decienden:
el bárbaro escuadrón desta manera
al rumor endereza la carrera.

La gente que de acá y allá discurre,
viendo el tumulto y aire polvoroso,
deja el alcance, y de tropel concurre
al són de las espadas sonoroso;
cada araucano con presteza ocurre
adonde era el favor más provechoso
y los sangrientos hierros en las manos,
cercan el escuadrón de los cristianos.

La copia de los bárbaros creciendo,
crece el són de las armas y refriega
y los nuestros se van disminuyendo,
que en su ayuda y socorro nadie llega;
pero con grande esfuerzo combatiendo,
ninguno la persona a ciento niega,
ni allí se vio español que se notase
que a su deuda una mínima faltase.

Mas de la suerte como si del cielo
tuvieran el seguro de las vidas,
se meten y se arrojan sin recelo
por las furiosas armas homicidas.
Caen por tierra y echan por el suelo,
dan y reciben ásperas heridas,
que el número dispar y aventajado
suple el valor y el ánimo sobrado.



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