La araucana primera parte: 096

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO VI
Pág. 096 de 239
La araucana primera parte



Y así se contraponen, no temiendo
la muerte y furia bárbara importuna,
el ímpetu y pujanza resistiendo
de la gente, del hado y la fortuna;
mas contrastar a tantos no pudiendo
sin socorro, favor ni ayuda alguna,
dilatando el morir les fue forzoso
volver a su camino trabajoso.

Parece el esperar más desatino,
que van los delanteros como el viento;
usar de aquel remedio les convino
y no del temerario atrevimiento;
muchos mueren en medio del camino
por falta de caballos y de aliento
y de sangre también, que el verde prado
quedaba de su rastro colorado.

Flojos ya los caballos y encalmados,
los bárbaros por pies los alcanzaban
y en los rendidos dueños derribados
las fuerzas de los brazos ensayaban;
otros de los peones empachados
-digo, de los cristianos que a pie andaban-,
casi moverse al trote no podían,
que con sólo el temor los detenían.

Los cansados peones se contentan
con las colas o aciones aferradas,
y en vano lastimosos representan
estrechas amistades olvidadas;
de sí los de caballo los ausentan,
si no pueden a ruego, a cuchilladas,
como a los más odiosos enemigos,
que no era a la sazón tiempo de amigos.

Atruena todo el valle el gran bullicio,
armas, grita y clamor triste se oía
de la gente española y de servicio
que a manos de los indios perecía;
no se vio tan sangriento sacrificio
ni tan estraña y cruda anotomía
como los fieros bárbaros hicieron
en dos mil y quinientos que murieron.



<<<
>>>