La araucana primera parte: 098

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CANTO VI
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La araucana primera parte



Viendo los españoles ya cerrados
los pasos y cerrada la esperanza,
a pasar o morir determinados,
poniendo en Dios la firme confianza,
de la albarrada un trecho desviados
prueban de los caballos la pujanza,
corriendo un golpe dellos a romperla
y los bárbaros dentro a defenderla.

Así la gente estaba detenida,
que todo su trabajo no importaba
ni al peligro hallaba la salida
hasta que el viejo Villagrán llegaba;
que vista la escusada arremetida
cuán poco en el remedio aprovechaba,
sin temor de morir ni muestra alguna,
dio aquí el último tiento a la fortuna.

Estaba en un caballo derivado
de la española raza poderoso,
ancho de cuadra, espeso, bien trabado,
castaño de color, presto, animoso,
veloz en la carrera y alentado,
de grande fuerza y de ímpetu furioso,
y la furia sujeta y corregida
por un débil bocado y blanda brida,

El rostro le endereza, y al momento
bate el presto español recio la ijada,
que sale con furioso movimiento
y encuentra con los pechos la albarrada;
no hace en el romper más sentimiento
que si fuera en carrera acostumbrada,
abriendo tal camino que pasaron
todos los que debajo se escaparon.

Los bárbaros airados defendían
el paso, pero al cabo no pudieron,
que por más que las armas esgremían
los fuertes españoles los rompieron;
unos hacia la mano diestra guían,
otros tan buen camino no supieron,
tomando a la siniestra un mal sendero
que a dar iba en un gran despeñadero.



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