La araucana primera parte: 101

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CANTO VII
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La araucana primera parte



Llegan los españoles a la ciudad de la Concepción hechos
pedazos, cuentan el destrozo y pérdida de nuestra gente y vista la
poca que para resistir tan gran pujanza de enemigos en la ciudad
había, y las muchas mujeres, niños y viejos que dentro estaban, se
retiran en la ciudad de Santiago. Asimismo en este canto se
contiene el saco, incendio y ruina de la ciudad de la concepción


Tener en mucho un pecho se debría
a do el temor jamás halló posada,
temor que honrosa muerte nos desvía
por una vida infame y deshonrada.
En los peligros grandes la osadía
merece ser de todos estimada;
el miedo es natural en el prudente
y el saberlo vencer es ser valiente.

Esto podrán decir los que picaban
los cansados caballos aguijando;
pues tanto de temor se apresuraban
que les daremos crédito aun callando;
con los prestos calcaños lo afirmaban,
con piernas, brazos, cuerpo ijadeando,
también los araucanos sin aliento,
la furia iban perdiendo y movimiento.

Que del grande trabajo fatigados
en el largo y veloz curso aflojaron,
y por el gran tesón desalentados
a seis leguas de alcance los dejaron.
Los nuestros, del temor más aguijados,
al entrar de la noche se hallaron
en la estrema ribera de Biobío
adonde pierde el nombre y ser de río,

y a la orilla un gran barco asido vieron
de una gruesa cadena a un viejo pino;
los más heridos dentro se metieron
abriendo por las aguas el camino;
y los demás con ánimo atendieron
hasta que el esperado barco vino
y con la diligencia comenzada
a la ciudad arriban deseada.



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