La araucana primera parte: 103

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CANTO VII
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La araucana primera parte



Ya la parlera Fama pregonando
torpes y rudas lenguas desataba;
las cosas de Lautaro acrecentando,
los enemigos ánimos menguaba;
que ya cada español casi temblando,
dando fuerza a la Fama, levantaba
al más flaco araucano hasta el cielo,
derramando en los ánimos un yelo.

Levántase un rumor de retirarse
y la triste ciudad desamparalla,
diciendo que no pueden sustentarse
contra los enemigos en batalla;
corrillos comenzaban a formarse;
la voz común aprueba el despoblalla,
algunos con razones importantes
reprobaban las causas no bastantes.

Dos varias partes eran admitidas
del temor y el amor de la hacienda;
la poca gente, muertes y heridas
dicen que la ciudad no se defienda;
las haciendas y rentas adquiridas
al liberal temor cogen la rienda,
mas luego se esforzó y creció de modo
que al fin se apoderó de todo en todo.

La gente principal claro pretende
desamparar el pueblo y propio nido;
el temeroso vulgo aun no lo entiende
mas tiende oreja atenta a aquel ruido;
visto el público trato, más no atiende,
que súbito, alterado y removido,
de nuevo esfuerza el llanto y las querellas
poniendo un alarido en las estrellas.

Quién a su casa corre pregonando
la venida del bárbaro guerrero;
quién aguija a la silla, procurando
cincharla en el caballo más ligero;
las encerradas vírgines llorando
por las calles, sin manto ni escudero,
atónitas, de acá y de allá perdidas,
a las madres buscaban desvalidas.



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