La araucana primera parte: 106

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CANTO VII
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La araucana primera parte



Volved a vuestro pueblo ojos piadosos,
por vos de sus cimientos levantado;
mirad los campos fértiles viciosos
que os tienen su tributo aparejado;
las ricas minas y los caudalosos
ríos de arenas de oro y el ganado
que ya de cerro en cerro anda perdido,
buscando a su pastor desconocido.

Hasta los animales que carecen
de vuestro racional entendimiento,
usando de razón, se condolecen,
y muestran doloroso sentimiento;
los duros corazones se enternecen
no usados a sentir, y por el viento
las fieras la gran lástima derraman
y en voz casi formada nos infaman.

Dejáis quietud, hacienda y vida honrosa
de vuestro esfuerzo y brazos adquirida,
por ir a casa ajena embarazosa
a do tendremos mísera acogida.
¿Qué cosa puede haber más afrentosa,
que ser huéspedes toda nuestra vida?
¡Volved, que a los honrados vida honrada
les conviene o la muerte acelerada!

¡Volved, no vais así desa manera,
ni del temor os deis tan por amigos,
que yo me ofrezco aquí, que la primera
me arrojaré en los hierros enemigos!
¡Haré yo esta palabra verdadera
y vosotros seréis dello testigos!
«¡Volved, volved!» gritaba, pero en vano,
que a nadie pareció el consejo sano.

Como el honrado padre recatado
que piensa reducir con persuasiones
al hijo, del propósito dañado,
y está alegando en vano mil razones;
que al hijo incorregible y obstinado
le importunan y cansan los sermones:
así al temor la gente ya entregada
no sufre ser en esto aconsejada.



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