La araucana primera parte: 107

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CANTO VII
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La araucana primera parte



Ni a Paulo le pasó con tal presteza
por las sienes la Iáculo serpiente,
sin perder de su vuelo ligereza,
llevándole la vida juntamente,
como la odiosa plática y braveza
de la dama de Nidos por la gente;
pues apenas entró por un oído
cuando ya por el otro había salido.

Sin escuchar la plática, del todo
llevados de su antojo caminaban;
mujeres sin chapines por el lodo
a gran priesa las faldas arrastraban;
fueron doce jornadas deste modo
y a Mapochó al fin dellas arribaban.
Lautaro, que se siente descansado,
me da priesa, que mucho me he tardado.

No es bien que tanto dél nos descuidemos
pues él no se descuida en nuestro daño,
y adonde le dejamos volveremos,
que fue donde dejó el alcance estraño.
En muy poco papel resumiremos
un gran proceso y término tamaño,
que fuera necesario larga historia
para ponerlo estenso por memoria.

Mas con la brevedad ya profesada
me detendré lo menos que pudiere
y las cosas menudas, de pasada
tocaré lo mejor que yo supiere.
Pido que atenta oreja me sea dada,
que el cuento es grave y atención requiere,
para que con curiosa y fácil pluma
los hechos destos bárbaros resuma.

Que luego que el alcance hubo cesado
volviendo al hijo de Pillán gozoso,
que atrás un largo trecho había quedado
más por autoridad que de medroso,
al General despachan un soldado,
alojándose el campo en el gracioso
valle de Talcamávida importante,
de pastos y comidas abundante.



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