La araucana primera parte: 115

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CANTO VIII
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La araucana primera parte



¿Quién podrá con el bando lautarino,
viendo que su opinión tanto crecía
y la fortuna próspera el camino
en nuestro daño y su provecho abría?
No piensa reparar hasta el divino
cielo y arruinar su monarquía,
haciendo aquellos bárbaros bizarros
grandes fieros, bravezas y desgarros.

Pues al pueblo de Penco desolado
y de la fiera llama consumido
dije cómo a gran priesa había llegado
un indio mensajero conocido
que por Caupolicán era enviado;
y habiendo de su parte encarecido
la gran batalla, digna de memoria,
las gracias les rindió de la vitoria.

Dijo también, sin alargar razones,
que el General mandaba que partiese
Lautaro con los prestos escuadrones
y en el valle de Arauco se metiese,
donde el Senado y junta de varones
tratasen lo que más les conviniese,
pues en fértil valle hay aparejo
para la junta y general consejo.

En oyendo Lautaro aquel mandato
levanta el campo, sin parar camina,
deja gran tierra atrás, y en poco rato
al monte andalicano se avecina;
y por llegar de súbito rebato
el camino torció por la marina,
ganosos de burlar al bando amigo,
tomando el nombre y voz del enemigo.

Tanto marchó, que al asomar del día
dio sobre las escuadras de repente
con una baraúnda y vocería
que puso en arma y alteró la gente;
mas vuelto el alboroto en alegría,
conocida la burla claramente
los unos y los otros sin firmarse,
sueltas las armas, corren abrazarse.



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