La araucana primera parte: 116

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CANTO VIII
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La araucana primera parte



Caupolicán, alegre, humano y grave
los recibe, abrazando al buen Lautaro
y con regalo y plática suave
le da prendas y honor de hermano caro;
la gente, que de gozo en sí no cabe,
por la ribera de un arroyo claro
en juntas y corrillos derramada,
celebran de beber la fiesta usada.

Algún tiempo pasaron después desto
antes que el gran Senado fuese junto,
tratando en su jornada y presupuesto
desde el principio al fin sin faltar punto;
pero al término justo y plazo puesto
llegó la demás gente y todo a punto,
los principales hombres de la tierra
entraron en consulta a uso de guerra.

Llevaba el General aquel vestido
con que Valdivia ante él fue presentado:
era de verde y púrpura tejido,
con rica plata y oro recamado,
un peto fuerte, en buena guerra habido,
de fina pasta y temple relevado,
la celada de claro y limpio acero,
y un mundo de esmeralda por cimero.

Todos los capitanes señalados
a la española usanza se vestían;
la gente del común y los soldados
se visten del despojo que traían;
calzas, jubones, cueros desgarrados,
en gran estima y precio se tenían;
por inútil y bajo se juzgaba
el que español despojo no llevaba.

A manera de triunfos, ordenaron
el venir a la junta así vestidos
y en el consejo, como digo, entraron
ciento y treinta caciques escogidos;
por su costumbre antigua se sentaron,
según que por la espada eran tenidos;
estando en gran silencio el pueblo ufano,
así soltó la voz Caupolicano: