La araucana primera parte: 117

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CANTO VIII
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La araucana primera parte



«Bien entendido tengo yo, varones,
para que nuestra fama se acreciente,
que no es menester fuerza de razones,
mas sólo el apuntarlo brevemente
que, según vuestros fuertes corazones,
entrar la España pienso fácilmente
y al gran Emperador, invicto Carlo,
al dominio araucano sujetarlo.

Los españoles vemos que ya entienden
el peso de las mazas barreadas
pues ni en campo ni en muro nos atienden.
Sabemos cómo cortan sus espadas
y cuán poco las mallas los defienden
del corte de las hachas aceradas;
si sus picas son largas y fornidas,
con las vuestras han sido ya medidas.

De vuestro intento asegurarme quiero
pues estoy del valor tan satisfecho,
que gruesos muros de templado acero
allanaréis, poniéndoles el pecho;
con esta confianza, el delantero
seguiré vuestro bando y el derecho
que tenéis de ganar la fuerte España
y conquistar del mundo la campaña.

La deidad desta gente entenderemos
y si del alto cielo cristalino
deciende, como dicen, abriremos
a puro hierro anchísimo camino;
su género y linaje asolaremos,
que no bastará ejército divino
ni divino poder, esfuerzo y arte
si todos nos hacemos a una parte.

En fin, fuertes guerreros, como digo,
no puede mi intención más declararse;
aquel que me quisiere por amigo
a tiempo está que puede señalarse.
Ténganme desde aquí por enemigo
el que quisiere a paces arrimarse».
Aquí dio fin, y su intención propuesta,
esperaba sereno la respuesta.



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