La araucana primera parte: 120

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CANTO VIII
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La araucana primera parte



Peteguelén, la vieja sangre fría
se le encendió de rabia, y levantado
le dice: «¡Oh arrogante!, ¡la osadía
sin discreción jamás fue de esforzado...»
Pero Caupolicán, que conocía
del viejo a tiempo el ánimo arrojado,
con discreción le ataja las razones
haciendo proponer a otros varones.

Purén se ofrece allí y Angol se ofrece
no con menor braveza y desatiento;
Ongolomo no quedó, según parece,
de mostrar su soberbio pensamiento;
del uno en otro multiplica y crece
el número en el mismo ofrecimiento.
Colocolo, que atento estaba a todo,
sacó la voz, diciendo de este modo:

«La verde edad os lleva a ser furiosos,
¡oh hijos!, y nosotros los ancianos
no somos en el mundo provechosos
más de para decir consejos sanos,
que no nos ciegan humos vaporosos
del juvenil hervor y años lozanos;
y así como más libres, entendemos
lo que siendo mancebos no podemos.

Vosotros, capitanes esforzados,
de sola una vitoria envanecidos,
estáis de tal manera levantados
que os parecen ya pocos los nacidos.
Templad, templad los pechos alterados
y esos vanos esfuerzos mal regidos;
no hagáis de españoles tal desprecio
que no venden sus vidas a mal precio.

Si dos veces por dicha los vencistes,
mirad cuando primero aquí vinieron
que resistir sus fuerzas no pudistes
pues más de cinco veces os vencieron.
En el licúreo campo ya lo vistes
lo que sólos catorce allí hicieron;
no será poco hecho y buen partido
cobrar la tierra y crédito perdido.



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