La araucana primera parte: 126

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CANTO VIII
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La araucana primera parte



Quinientos araucanos solamente
quiero para la empresa que yo digo
escogidos en toda nuestra gente:
un soldado de más no ha de ir conmigo.
Aquí lo digo, estando tú presente
y estos sabios caciques: que me obligo
de darte la ciudad puesta en las manos
con cien cabezas nobles de cristianos».

Aquí se cerró el bárbaro orgulloso,
y gran rato sobre ello platicaron;
pareciéndoles modo provechoso,
todos en este acuerdo concordaron;
después do estaba el pueblo deseoso
de saber novedades, se bajaron,
donde lo difinido y decretado
con general pregón fue declarado.

Estuvieron allí catorce días
en grande regocijo y mucha fiesta,
ocupados en juegos y alegrías,
y en quién más veces bebe sobre apuesta.
Después contra los pueblos del Mesías,
la alborozada gente en orden puesta,
marcha Caupolicán con la vanguardia,
quedando Lemolemo en retaguardia.

Cerca llegó el ejército furioso
de la Imperial, fundada en sitio fuerte,
donde el fiero enemigo vitorioso
la pensaba entregar presto a la muerte;
mas el Eterno Padre poderoso
lo dispone y ordena de otra suerte,
dilatando el azote merecido,
como veréis, prestando atento oído.



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