La araucana primera parte: 128

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Y manifiesto vemos hoy en día
que, porque la ley sacra se estendiese
nuestro Dios los milagros permitía
y que el natural orden se excediese;
presumirse podrá por esta vía
que para que a la fe se redujese
la bárbara costumbre y ciega gente
usase de milagros claramente.

Yo dije que el ejército araucano
de la Imperial tres leguas se alojaba
en un dispuesto asiento y campo llano
y que Caupolicán determinaba
entrar el pueblo con armada mano;
también cómo el castigo dilataba
Dios a su pueblo ingrato y sin emienda
usando de clemencia y larga rienda.

Estaba la Imperial desbastecida,
de armas, de munición y vitualla;
bien que la gente della era escogida
pero muy poca para dar batalla;
fuera por los cimientos destruida,
cualquier fuerza bastara arruinalla,
y persona de dentro no escapara,
si a vista el pueblo bárbaro llegara.

Cuando el campo de allí quería mudarse,
que ya la trompa a caminar tocaba,
súbito comenzó el aire a turbarse,
y de prodigios tristes se espesaba
nubes con nubes vienen a cerrarse,
turbulento rumor se levantaba,
que con airados ímpetus violentos
mostraban su furor los cuatro vientos.

Agua recia, granizo, piedra espesa
las intricadas nubes despedían;
rayos, truenos, relámpagos apriesa
rompen los cielos y la tierra abrían;
hacen los vientos ásperos represa
que en su entera violencia competían;
cuanto topa arrebata el torbellino,
alzándolo en furioso remolino.



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