La araucana primera parte: 130

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Que Dios quiere ayudar a sus cristianos
y darles sobre vos mando y potencia
pues ingratos, rebeldes, inhumanos
así le habéis negado la obediencia.
Mirad, no vais allá, porque en sus manos
pondrá Dios el cuchillo y la sentencia».
Diciendo esto y dejando el bajo suelo,
por el aire espacioso subió al cielo.

Los araucanos la visión gloriosa
de aquel velo blanquísimo cubierta
siguen con vista fija y codiciosa,
casi sin alentar, la boca abierta.
Ya que despareció, fue estraña cosa,
que, como quien atónito despierta,
los unos a los otros se miraban
y ninguna palabra se hablaban.

Todos de un corazón y pensamiento
sin esperar mandato ni otro ruego,
como si solo aquel fuera su intento
el camino de Arauco toman luego.
Van sin orden, ligeros como el viento,
paréceles que de un sensible fuego
por detrás las espaldas se encendían
y así con mayor ímpetu corrían.

Heme, Señor, de muchos informado
porque con más autoridad se cuente:
a veintitrés de abril, que hoy es mediado,
hará cuatro años cierta y justamente
que el caso milagroso aquí contado
aconteció, un ejército presente,
el año de quinientos y cincuenta
y cuatro sobre mil por cierta cuenta.

Va la verdad, en suma, declarada
según que de los bárbaros se sabe,
y no de fingimientos adornada,
que es cosa que en materia tal no cabe;
tiene ellos por cosa averiguada
(que no es en prueba desto poco grave)
que por esta visión hubo en dos años
hambres, dolencias, muertes y otros daños.



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