La araucana primera parte: 131

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Que la mar reprimiendo sus vapores,
faltó la agua y vertientes de la sierra,
talando el sol en tierna edad las flores,
ayudado del fuego de la guerra.
Como creció la seca y las calores
por falta de humidad la árida tierra
rompió banco y alzóse con los frutos,
dejando de acudir con sus tributos.

Causó que una maldad se introdujese
en el distrito y término araucano,
y fue que carne humana se comiese,
inorme introducción, caso inhumano,
y en parricidio error se convirtiese
el hermano en sustancia del hermano;
tal madre hubo que al hijo muy querido
al vientre le volvió do había salido.

Digo, pues, que los bárbaros llegando
al valle de Purén, paterno suelo,
las armas por entonces arrimando,
dieron lugar al tempestuoso cielo.
En este tiempo, en estas partes, cuando
el encogido invierno con su hielo
del todo apoderándose en la tierra,
pone punto al discurso de la guerra,

espárcese y derrámase la gente,
dejan el campo y buscan los poblados,
cesa el fiero ejercicio comúnmente,
la tierra cubren húmidos ñublados;
mas cuando enciende a Scorpio el sol ardiente
y la frígida nieve los collados
sacuden de sus cimas levantadas
ya de la nueva yerba coronadas;

en este tiempo el bullicioso Marte
saca su carro con horrible estruendo
y ardiendo en ira belicosa, parte
por el dispuesto Arauco discurriendo.
Hace temblar la tierra a cada parte
los ferrados caballos impeliendo
y en la diestra el sangriento hierro agudo,
bate con la siniestra el fuerte escudo.



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