La araucana primera parte: 132

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CANTO IX
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La araucana primera parte



Luego a furor movidos los guerreros
toman las armas, dejan el reposo;
acuden los remotos forasteros
al cebo de la guerra codicioso.
De los hierros renuevan los aceros,
tiemplan la cuerda al arco vigoroso,
el peso de las mazas acrecientan
y el duro fresno de las astas tientan.

La gente andaba ya desta manera
con el són de las armas y bullicio,
que codiciosa comenzar espera
el deseado bélico ejercicio;
juntáronse a la usada borrachera
(orden antigua y detestable vicio)
la más ilustre gente y señalada
a dar difinición en la jornada.

Tratando en general concilio estaban
del bien y aumentación de aquel Estado,
cuando cuatro soldados arribaban
con triste muestra y paso apresurado,
haciéndoles saber como ya andaban
en el sitio de Penco arruinado
cantidad de españoles trabajando,
un grueso y fuerte muro levantando,

diciéndoles: «Venimos, ¡oh guerreros!,
de parte de los pueblos comarcanos
con facultad bastante a prometeros,
si desterráis de nuevo a los cristianos,
que pagarán con suma de dineros
el trabajo y labor de vuestras manos;
y no habiendo el efeto deseado,
la tercia parte hayáis de lo asentado.

Viendo el poco reparo y resistencia
que sin vuestro favor todos tenemos,
les dimos llanamente la obediencia
que en el tiempo infelice dar solemos;
no fue por opresión, no fue violencia
pues, aunque desdichados, entendemos
cuán breve es el sospiro de la muerte
que pone fin y límite a la suerte;



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