La araucana primera parte: 133

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CANTO IX
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La araucana primera parte



mas, porque estando Arauco tan vecino
y fija en su favor la instable rueda,
la paz nos pareció mejor camino
para que remediar todo se pueda;
ya que lo estrague el áspero destino,
tiempo para morir después nos queda,
pues no estarán los brazos tan cansados
que no puedan abrir nuestros costados.

Y pues os es patente y manifiesta
la embajada y gran priesa que traemos
en ella hora tratada, que la respuesta
con la resolución esperaremos.
Brevedad os pedimos, que con ésta
podrá ser que sin riesgo derribemos
la soberbia española y confianza,
antes que les dé esfuerzo la tardanza».

No se puede decir el gran contento
que les dio a los caciques la embajada;
de todos desde allí en el pensamiento
antes que se acabase fue acetada;
pero tuvieron freno y sufrimiento
que la primera voz estaba dada
al hijo de Leocán, que consultado
así responde en nombre del senado:

«Estamos con razón maravillados
de lo que en este caso hemos oído;
¿y es verdad que hay cristianos tan osados
que quieren con nosotros más ruido?
Sús, Sús, que estos varones esforzados
acetan la promesa y el partido;
no dando entero fin a la jornada,
del trabajo no quieren llevar nada.

Bien os podéis volver luego con esto
que sin duda en efeto lo pondremos,
y sobre los cristianos, lo más presto
que se pueda dar orden, llegaremos;
donde se mostrará bien manifiesto
lo poco en que nosotros los tenemos
pero habéis de advertir con sabio modo
que aviso se nos dé siempre de todo».



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