La araucana primera parte: 134

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

CANTO IX
Pág. 134 de 239
La araucana primera parte



Muy alegres los cuatro se partieron
por llevar tal respuesta, y caminando
en breve a sus señores se volvieron,
que estaban por momentos aguardando;
y visto el buen despacho que trujeron,
el contento y traición disimulando,
sufrían con discreción las vejaciones,
encubriendo las falsas intenciones.

Domésticos se muestran en el trato,
nadie toma la causa y la defiende,
conociendo que el medio más barato
del araucano ejército depende;
y con doble y solícito contrato
la esperada venganza se pretende
debajo de humildad y gran secreto
para que su intención viniese a efeto.

De nuestra gente y pueblo destrozado
gran descuido en hablar he yo tenido;
mas, como es en el mundo acostumbrado
desamparar la parte del vencido,
así yo tras el bando afortunado
he llevado camino tan seguido,
y si aquí la ocasión no me avisara,
jamás pienso que della me acordara.

Conté de la ciudad la despoblada
y de sus ciudadanos el camino;
púselos en el fin de la jornada,
do forzoso dejarlos me convino;
pues volviendo a la historia comenzada
y al duro proceder de su destino,
estuvieron el tiempo en Santiago
que yo dellos mención aquí no hago.

Retirados allí se reformaron
de todo el aparato conveniente
donde por los más votos acordaron
reedificar a Penco nuevamente.
Con gran trabajo y gasto levantaron
pequeña copia y número de gente.
Afirmar la ocasión desto no puedo,
si fue la poca paga o mucho miedo.



<<<
>>>